La piedra filosofal que convierte frutas congeladas
en helados cremosos sin más ingredientes
Ni nata, ni leche ni espesantes. Retiras las frutas o verduras congeladas, esperas a que se ablanden un poquito, las pasas por la máquina y te sale un helado. Sano, sin más calorías que las de la fruta y con todo el placer del tradicional.
Ver para creer: plátano, manzana con piel
y melocotón
Con plátanos salen helados cremosos, sin ellos quedan unos granizados deliciosos con mil usos (por ejemplo de entrante uno de tomate y sandía, o de pura manzana regado con Calvados).
Después de probar las combinaciones clásicas, que nos llenaron de vitaminas fresquitas el verano pasado, hemos empezado a jugar con otros sabores como estos de aquí abajo.
Helado de zanahoria y manzana (2 copas)

· 1 zanahoria grande pelada y cocida
· 1 manzana Granny Smith pelada y sin el corazón
Troceadas, congeladas y retiradas del congelador
unos 15 minutos antes.
Se pasa por la Yonanas ... et voilà!
Para terminar, gotas de vinagre balsámico,
semillas de mostaza negra y hojas de melisa
Helado de pepino y plátano (2 vasitos)
· 1 pepino grande pelado y sin semillas· 1 plátano medianoDescongelar unos minutos, pasar por la Yonanas y...

Con trocitos de naranja, un chorro de zumo
y almendras fileteadas y tostadas
Otras frutas que aportan cremosidad: aguacate, pera, piña (madura, sin partes duras y descongelada en el punto justo), melocotón, albaricoque, melón, tomate pelado y vaciado (mejor tipo pera) y otras que se me escapan e iréis descubriendo.
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Y ahora, os presento a Sara
Para tener una Yonanas hace falta una de dos cosas: dinero para comprarla o una amiga cuerdamente chiflada como Sara.
Skype, Sara:
- En estos días estoy tomando helado a cada rato con la Yonanas.
- Qué es eso?
- Mírala en google.
- Es fantástica! La buscaré por aquí.
Dos días después me tocan el timbre, bajo y me encuentro a un transportista con un paquete para mí. De Italia, me aclara. Y ahí estaba mi
Yonanas modelo Sara.
Otro Skype, más Sara:
- Hace tanto que no nos vemos, espérame un momento.
A los cinco minutos:
- Ya está, el 13 de abril os voy a visitar, solo un ratito, así que no prepares nada.
Y
tal cual: llegó a las 9 de la mañana y se fue a las 13, después de un
viaje de tres horas en coche hasta Milán y de ahí en avión a Barcelona.
Y otro tanto para la vuelta.
Por extraño que parezca, Sara es Sara todos los días y todo el día. Y tiene los mismos años que el menor de nuestros hijos: nos ha enseñado a
tener una amistad sin edad, o mejor aún, a no tener edad.
Grazie Sarita, è una goduria imparare da te!